miércoles, 5 de septiembre de 2012

Función del Cristo


La Función del Santísimo Cristo del Consuelo


Estamos acostumbrados a pensar que lo vivido desde la infancia es, inevitablemente, “de toda la vida”, pero olvidamos que la Historia se escribe a través de muchas vidas, y que no todas conocieron las mismas costumbres y similares actitudes. Nuestra presencia en la tierra es, vista desde los ojos de un historiador, muy corta, y pese a que las tradiciones son capaces de traspasar siglos e incluso milenios, también es verdad que algunas se perdieron para siempre o fueron sustituidas por otras en función de las circunstancias.

Esto podría haber pasado con las fiestas del Santo Cristo del Consuelo en Vertavillo. Cualquiera de nosotros daría por sentado que se vienen celebrando desde tiempos inmemoriales, y así es, puesto que nadie encuentra en su memoria, ni en la de sus antepasados más directos, nada que lo ponga en duda. Sin embargo, y si seguimos las pistas de los documentos históricos, parece que no siempre la fiesta principal de nuestro pueblo fue esta de mediados de septiembre.

Curiosamente tampoco he encontrado, por el momento, nada que haga suponer que se festejara de manera especial la festividad del olvidado santo patrono de la localidad, San Miguel Arcángel, el día 29 de septiembre, más allá de una pequeña celebración restringida al gremio de los pastores que se hacía el día 8 de mayo (día de la aparición de San Miguel). Sin embargo, y como se menciona en las respuestas dadas al formulario del Marqués de la Ensenada en 1752, el común de Vertavillo se hacía cargo de los gastos ocasionados por las fiestas de San Lorenzo (10 de agosto), San Bartolomé (24 de agosto) y San Roque (16 de agosto). Por lo visto, a mediados del siglo XVIII era este mes veraniego el más nutrido en festividades. De todas ellas hemos de destacar la de San Roque, puesto que de la misma sí se guarda memoria viva entre la generación nacida en la primera mitad del siglo pasado. El santo, que reposa en uno de los altares de la iglesia parroquial, era sacado en procesión por las calles del pueblo y homenajeado por unos interminables bailes a la puerta de la iglesia. De la fiesta de los otros dos próceres no se tiene memoria, aunque hemos de destacar la posición preeminente de San Lorenzo, el de las parrillas, a la izquierda del patrón en el lujoso altar mayor de la iglesia.

¿Desde cuándo se celebra entonces la festividad del Santo Cristo del Consuelo? Pues habrá que suponer que después de aquellas fechas, y muy probablemente desde finales del citado siglo XVIII. A esta conclusión nos llevan los datos publicados por G. Sánchez Doncel sobre la ermita del Cristo llamado hasta 1618 del Humilladero. La majestuosa construcción neoclásica que hoy contemplamos fue en el siglo XVII una simple capilla donde se guardaba la milagrosa imagen, foco de gran devoción entre los vecinos. De este fervor salían magnánimas limosnas, lo que posibilitó juntar los cuartos necesarios para su ampliación, la cual se inició en 1721 aprovechando la piedra de la cercana ermita del Arrabal, ya en ruinas. Las obras parece que duraron mucho tiempo, puesto que su bendición no se produce hasta 1784.

Este año, el día 14 de septiembre se traslada el Cristo con una gran procesión y la asistencia del clero de la comarca, el día 15 se realiza la bendición por el párroco D. Manuel Sanz y se dice misa solemne, predicando al día siguiente un famoso orador del Convento de San Diego de Palencia. Los actos se continuaron otro día más con honras fúnebres por los difuntos de la recién estrenada cofradía del Cristo del Consuelo (congregación pía de carácter asistencial y funerario cuya fundación tiene lugar en 1781).

En definitiva, que se juntaron varios días de fiesta a mediados de septiembre que culminan, como en la fiesta que todos recordamos, con la misa de difuntos. Parece muy razonable, por lo tanto, pensar que es a partir de este momento, 1784, con la inauguración de la recién ampliada ermita del Cristo, cuando se estable la celebración de estas fiestas.

228 años son muchos para guardar memoria, ni nuestros abuelos ni los suyos podrían acordarse de otra cosa que de bajar religiosamente cada tercer domingo de septiembre a celebrar la esperada función del Cristo del Consuelo.

F. Javier Abarquero Moras

Fuentes: Catastro del Marqués de la Ensenada, 1752; Sánchez Doncel, 1950 (PITTM,4)
 
Procesión de San Roque, años 40




San Lorenzo, altar mayor de la iglesia de Vertavillo

 
Ermita del Cristo

lunes, 9 de julio de 2012

475 años del Privilegio de Villa


475 Aniversario del Privilegio de Villa

En 1537, hace ahora 475 años, el rey Carlos I de España, emperador del Sacro Imperio Romano-Germano, junto a su olvidada madre la reina Doña Juana, concede a Vertavillo el título de Villa. Tal acontecimiento queda recogido en un excepcional documento escrito en vitela que, milagrosamente, el tiempo ha resguardado hasta nuestros días.


Vertavillo era hasta ese momento un simple “lugar” que dependía de la jurisdicción de Baltanás en las causas civiles y criminales excepto en aquellas cuya cuantía fuera menor a 120 maravedíes. Pero el Concejo de Vertavillo, por su cuenta, se emancipa de aquella tutoría en el año 1532, entablando un pleito que se ventilaba en la Real Chancillería de Valladolid. Teniendo como tenían los de Vertavillo todas las de perder, decidieron acudir directamente al Rey suplicando fueran eximidos de la jurisdicción de Baltanás, por encontrarse este pueblo alejado (dos leguas) y tener Vertavillo gran número de vecinos (150). Pero por si los argumentos no fueran suficientes, el Consejo de Vertavillo aporta la cantidad de 2000 ducados de oro, equivalente a 750.000 maravedíes, para ayudar a las grandes causas del reino (léase las luchas contra el turco y contra Lutero que tanta sangría de las arcas nacionales produjeron).

Debió ser la rica suma de dinero lo que convenció al emperador, que no dudó en dictar el privilegio por el que Vertavillo, a partir de entonces adquiere el título de Villa, otorgándole jurisdicción civil y criminal, alta y bajo, mero y mixto imperio. Al mismo tiempo se faculta a la población a tener “forca e picota, cepo, cárcel, cadena, cuchillo, azote y todas otras insignias de jurisdicción de villa”.

El documento, en el que figuran como pagadores el procurador y el regidor de Vertavillo, Martín Núñez y García de las Moras, fue firmado por el rey en Valladolid el 20 de abril de 1537. En virtud de este privilegio se construyo el Rollo renacentista que todavía hoy enseñorea el mirador del Postigo, a la salida del casco amurallado por la puerta meridional. El monumento es en principio una insignia de jurisdicción, emblema de la alcanzada categoría de villa, independientemente de que a su lado se construyeran picotas y cepos como instrumentos de castigo y escarnio público, y de que, avanzado el tiempo y por identificación de ambos elementos, también él mismo acabara usándose para infringir alguno de los castigos.

Destaca el rollo de Vertavillo por su majestuosidad, más de 8 m de altura, una escalinata octogonal que salva el ligero desnivel del terreno (razón por la que los peldaños varían de 6 a 9 en función de la cara), y con un fuste cuadrangular (5,85 m) rematado en un capitel con columnitas torneadas, placas, bolas, un remate troncocónico y cuatro gárgolas que figuran leones. En su cara septentrional se colocó el escudo imperial de Carlos I y en la meridional otro escudo.
F. Javier Abarquero Moras



 Fuente: G. Sánchez Doncel, 1950: “Estudio documentado de la Villa de Vertavillo”, PITTM, 2: 63-132

lunes, 25 de junio de 2012

Noche de San Juan en Vertavillo


Noche de San Juan en Vertavillo



Estamos acostumbrados a oír hablar de las hogueras de San Juan y de la fiesta del fuego como ritual de renovación en el que se da por finalizado un ciclo. La noche mágica del solsticio de verano. Sin embargo en Vertavillo la tradición nos cuenta la existencia de una costumbre de cierto carácter peculiar de la que no formaba parte el fuego.

Esa noche, la más corta del año, los jóvenes varones de la localidad se reunían para celebrarla de una manera especial. De las choperas más cercanas (El Huero o “El Prao”) se cortaban ramas cuajadas de verdes hojas y con ellas confeccionaban las esbeltas enramadas que tejían con mayor o menor esmero en las rejas de las ventanas de aquellas casas donde habitaban mozas casaderas. Se trataba, en definitiva, de un ritual de cortejo colectivo en el que se plasmaba un paso más en el ciclo natural de la vida de las gentes del pueblo.

No siempre aparecían bonitas trenzas de ramas, que daban frescor y alegría a las fachadas durante las primeras horas de aquella mañana, puesto que en ocasiones se obsequiaba a alguna de las chicas, en función de las simpatías que en esos momentos despertara, con grandes “tobas” (elevadísimos cardos borriqueros de flor purpúrea y con afilados pinchos) como castigo por sus desplantes. Tampoco faltaban, en el lado opuesto, las ventanas en las que la enramada podía aparecer enriquecida con rosas u otras flores, lo que significaba que la afortunada contaba entre los jóvenes con alguien especialmente interesado en ella.  Pero la picaresca de la cuadrilla iba incluso más allá, llegando a colocar haces de alfalfa en las poyatas de aquellas solteras mayores (las solteronas) en una divertida aunque “grosera” alusión a quienes serían sus únicos pretendientes.

La costumbre dejó de llevarse a cabo en los años 80, víctima como tantas cosas de la despoblación, pero todavía es recordada por muchas generaciones.

Javier Abarquero Moras

domingo, 20 de mayo de 2012


Romería de la Virgen de Hontoria (Vertavillo)



Nuestra Señora de Hontoria, una bellísima talla románica policromada con la virgen sentada en majestad y el niño sentado en sus rodillas, es una advocación mariana de Vertavillo que celebra su festividad el sábado antes de la Ascensión. El nombre lo recibe del pago en el cual se instala su ermita, a unos 4 km al este del pueblo, un edificio de traza románica con una puerta de medio punto en la fachada principal y un gran arco triunfal, también de medio punto, en el interior marcando el presbiterio.

Leyenda de “La Serranilla”

La virgen de Hontoria es llamada popularmente “La Serranilla”, algo que podría extrañar en una comarca de páramos y valles alejada de cualquier Sierra al uso. Este nombre tiene su origen en la vieja leyenda contada y trasmitida a través de generaciones según la cual iban unos serranos de camino por estas tierras de viaje con sus carretas. Llegaron al pago de “Hontoria” hacia el atardecer, momento en el que hallaron entre los matorrales la bella imagen de la Virgen. Tras cargar con la reliquia prosiguieron su caminar durante toda la noche, sin embargo, al apuntar las primeras luces del día, los asombrados serranos se dieron cuenta de que no habían avanzado ni un paso, encontrándose  en el mismo punto en el que el día anterior habían hallado la virgen. Tan “milagroso” fenómeno, interpretaron, no podía significar otra cosa que la Santa Madre de Dios deseaba que en aquel preciso lugar le fuera edificada una ermita.

Historia

La leyenda relatada repite la crónica de otras tantas imágenes de vírgenes repartidas por toda la Península Ibérica. La realidad histórica tampoco es mucho más original. La ermita de Hontoria de Vertavillo no es más que el único testimonio en pie de un viejo pueblo que allí se ubicó durante la Edad Media y que recibía el nombre de Fontorida. Su existencia está atestiguada por varios documentos de la época, por varias noticas orales sobre la aparición de sepulturas y por los abundantes restos arqueológicos que en superficie se pueden observar alrededor del edificio y en las tierras de labor cercanas. Su desaparición, probablemente a principios del siglo XVI, respetó la vieja iglesia parroquial de San Esteban, cambiando la advocación a la de Nuestra Señora de Hontoria.

                A mediados del siglo XVIII había ya una cofradía de la Virgen de Hontoria que, además, se hacía cargo de los gastos ocasionados por atender a los necesitados en el llamado Hospital de Nuestra Señora de Hontoria, situado en la actual calle del Hospital. A principios del siglo XX existía también la cofradía de la Virgen de Hontoria y de San Miguel, que luego desapareció. A finales del siglo pasado renació la cofradía de Nuestra Señora de Hontoria que en los últimos años se ha encargado de la rehabilitación de la ermita gracias a los donativos de los devotos.

Tradición.

La tradición se hunde en la historia y probablemente tenga su origen allá por la época en la que se produjo la despoblación de aquel núcleo medieval. Como en tantos otros pueblos, la ermita pasó a convertirse en un lugar de romería al que, una vez al año, se acudía a venerar a la virgen, sirviendo este acto como recuerdo de los hombres y mujeres que allí moraron.  La fiesta hasta los años 80 del siglo pasado se celebraba el martes antes de la Ascensión (cuando esta fiesta caía en jueves), pasando luego a ocupar la fecha del sábado siguiente, con la intención de que pudieran acudir también aquellas personas que trabajaban y vivían fueran del pueblo. La imagen se saca de la iglesia parroquial en procesión hasta el Cristo, la ermita situada en la parte baja del pueblo, donde se le rezaba una oración. Posteriormente era subida en una carroza y trasladada hasta su ermita, a veces rezando el rosario por la carretera. En la actualidad, y teniendo en cuenta el alto valor de la talla románica, se evita este recorrido. En su templo se dice la misa y posteriormente se realiza otra procesión que acaba delante de la puerta con la bendición de los campos y entonando primero la salve y luego canciones propias de la virgen de Hontoria.

La fiesta continua con la comida campestre, antes en el llamado “Prao”, luego en el monte de “Valdileja”, donde las familias se reúnen para degustar el menú típico: ensaladilla, tortilla de patata, filetes empanados y, de postre, leche frita.

F. Javier Abarquero Moras





lunes, 14 de mayo de 2012


¡Viva San Isidro Labrador!

Con esta frase, fuertemente lanzada al viento, terminaba la procesión del santo patrón de los agricultores, venerado en Vertavillo como en multitud de pueblos castellanos, amén de en la capital madrileña; destinatario de inmensidad de rogativas pidiendo lluvia o de plegarias para ahuyentar el pedrisco.

El 15 de mayo en Vertavillo la imagen del santo se baja de su privilegiada hornacina en el altar mayor y su vara se engalana con un ramillete de espigas verdes recién cortadas. Este día los agricultores dejan los tractores aparcados en la nave y acuden a venerar a su patrón.

La fiesta, como tantas otras, ha perdido gran parte de su sabor tradicional. En un pasado no tan lejano el día de hoy era de gran solemnidad en el pueblo. A la misa mayor acudían las jóvenes y niñas vestidas con el traje típico (aquí decíamos que se vestían de “San Isidro”), compuesto de medias blancas, un manteo (falda gruesa) de color rojo con ribetes o adornos en negro, blusa blanca, delantal y corpiño negros con abalorios brillantes y pañuelo anudado en la cabeza. Estas ocupaban los primeros bancos de la iglesia y cada una llevaba una cesta de mimbre adornada con flores que contenía productos de la tierra (pan, cereal, lentejas, garbanzos, harina, mantecados, rosquillas…). Durante el ofertorio, las niñas se acercaban al altar y dejaban su cesta debajo del santo como gesto de gratitud por la custodia que aquel hace de nuestros campos.

Esta ceremonia esconde, sin duda, una ancestral relación de concordia entre el hombre y la naturaleza de la que depende para subsistir, puesto que ritos de reciprocidad parecidos, en los que se entregan a la divinidad  o a los espíritus del subsuelo parte de los rendimientos que se extraen de la tierra se documentan en todas las culturas desde época prehistórica. El ofrecimiento a San Isidro de frutos de la cosecha no hace más que repetir, adaptar y encauzar esta ancestral costumbre.

La fiesta de San Isidro en Vertavillo era organizada por la cofradía de labradores que tenía a este santo como patrón, luego reconvertida en Cámara Agraria (que es la que actualmente se encarga de la celebración). Tras la misa se ofrecía un ágape a todos los asistentes en el “Soportal” del Ayuntamiento, en el cual era indispensable la típica “limonada” con la que más de un chaval acababa mareado. 

En la actualidad se conserva la celebración religiosa, con misa mayor y procesión, y también el refrigerio posterior, con vino, chorizo, jamón, etc. Falta, lamentablemente, la nota de color que ponían las niñas con sus alegres trajes.



Javier Abarquero Moras



jueves, 3 de mayo de 2012


El mayo

Aunque el frío no nos abandona ya hemos entrado en el mes de Mayo. Este mes se iniciaba en Vertavillo como en tantos otros pueblos de la Península, con la “pinada del mayo”, es decir, la erección del tronco de un esbelto árbol previamente talado. Los encargados de esta tarea eran los quintos, como de tantas otras que implicaran juerga y diversión. La noche antes la cuadrilla de aquel año iba a una de las arboledas de la vega, frecuentemente el llamado “Prao” o el “Huerto”, y cortaba uno de los más altos árboles que encontraba. El tronco se pela prácticamente por completo, dejando sólo algunas ramas en la cúspide, sobre las cuales a veces se podía poner algún adorno (cintas o globos), y se trasladaba en carro o remolque hasta el pueblo, todo ello en medio de una considerable jarana bien regada de vino y amenizada por cánticos. En su momento se colocaba en la Plaza Mayor o en el Postigo (fuera de la puerta meridional de la muralla), más tarde, tras asfaltar las calles, también en el “Patín”, en el acceso Oeste del casco antiguo. El “mayo”, tras amanecer airoso el día 1, se mantenía erguido hasta finalizar el mes, momento en que los mismos quintos lo retiraban, procediendo a su subasta o venta directa para sacar algunos cuartos con los que sufragar los múltiples festejos de los que se hacían cargo a lo largo del año o, más recientemente, para hacer una merienda de amigos.

La costumbre, como hemos dicho, no es exclusiva de Vertavillo, puesto que se conoce en otros muchos pueblos y se mantiene vigente en varios lugares de la provincia de Soria por ejemplo. Ello ha dado pie a que en algún momento se haya dicho que tiene un origen ancestral, en ritos prerromanos de saludación a la primavera, algo nada descabellado por supuesto. Se trata de una de las típicas fiestas de primavera, en las que se rinde culto a la naturaleza que eclosiona en esta estación y nos recuerda lo apegados a ella que todavía vivían y viven nuestros pueblos.

En  Vertavillo, nos cuenta Sánchez Doncel (1950), que esta costumbre del mayo o maya es bastante antigua. Nos relata además un curioso caso asociado a la misma, puesto que tras la subasta del mayo, y para recaudar más cuartos para las fiestas, las mozas del pueblo salían los días festivos de este mes de mayo con sus platillos y servilletas a pedir limosna a los vecinos y forasteros, lo que, al parecer, dio ocasión a “delicadas faltas de pudor y modestia en las jóvenes” (tengamos en cuenta que estamos hablando del siglo XVI), por lo que tuvo que actuar el Visitador de la Parroquia prohibiendo estas salidas.

Por lo demás, la costumbre de “pinar el mayo” se pierde en torno a mediados de los años 80, víctima, como tantas otras, de la progresiva despoblación y de la falta de cuadrillas amplias de jóvenes.

Javier Abarquero

miércoles, 25 de abril de 2012

Las Volanderas de San Marcos

Las Volanderas de San Marcos

Desde luego, hoy sería un día excepcional para salir a "volar las volanderas", aunque este endiablado viento que sopla en Vertavillo quízás destrozara los molinillos nada más pisar la calle. No sé muy bien porqué motivo y qué se esconde detrás de aquella costumbre que recuerdo de la infancia en mi pueblo, pero el caso es que cada 25 de abril, día de San Marcos, los más pequeños de cada casa salíamos con nuestras rudimentarias "volanderas" y echábamos a correr calle abajo, calle arriba, hasta "el Patín" o "el Postigo", buscando el favor del viento para que las hiciera girar lo más rápido posible emitiendo su característico soniquete. Las volanderas, eso que ahora encontramos en las ferias o en las tiendas de chinos y que llaman molinillos, se fabricaban en casa con un palo y una hoja de papel; dos cortes maestros con la tijera, un par de dobleces y un clavito era toto lo que hacía falta. Si el papel era de color, pues más bonito, si no tampoco importaba mucho, el caso era salir corriendo como si quisieras domesticar el viento. Convertíamos el artilugio en un verdadero aerogenerador (no han inventado nada) que nos cargaba de energía para jugar a lo largo de todo el día.
Como digo, no he indagado en posibles significados ocultos en esta tradición, puesto que sorprende que tenga una fecha fija, quizás acorde con la frecuencia de los fuertes vientos en este més, pero no me extrañaría que escondiera viejas fórmulas utilizadas por nuestros ancestros para librarse de ciertos males o propiciar bonanza y prosperidad.

Javier Abarquero Moras